Rafael Villares: Palos de vidente

Aliento, su primer trabajo instalativo, convirtió un salón de la Academia “San Alejandro” en tupido bosque de bambú. La Naturaleza, diseccionada allí, servida a sorbos, no imitaba al arte; como tampoco el arte puede, a derechas, imitar a la Naturaleza. La propuesta devino negociación entre una y otro. Y el que no descubrió el sentido más o menos oculto de la obra, al menos lo sintió, que ya es bastante.

Con De soledad humana la idea adquiere una mayor densidad conceptual. Las raíces del árbol –seguramente centenario– pendían del techo de la galería, y proyectaban sobre el suelo y los espectadores no ya la sombra usual, sino un entramado de fulgores y sonidos que remitían al segmento de vida que en torno a éste sucedió. El árbol, desarraigado por un meteoro, empezaba a morir no sólo en sí, sino también en cada uno de los miles de transeúntes que, conscientemente o no, establecieron con él un vínculo afectivo. Se despedía el en medio de murmullos, bocinazos, cantos de aves, conversaciones, susurros y gritos.

Éxodo de un diente de león discursaba sobre las corrientes migratorias. Lo significativo de esta instalación –espléndidas como las otras en cuanto a realización y acabado– era su lúcido optimismo. El objeto a representar, la flor llamada así, es un paradigma de regeneración. Sucintamente, sus semillas son transportadas por el viento por miles de kilómetros, y allí, donde encuentren ambiente propicio, volverán a iniciar el ciclo de la vida.

InfanteríaRespirar y Vuelo son las piezas con que Rafael Villares se expone nuevamente. La primera habla de la deshumanización de la violencia organizada; los soldados se funden en un amasijo que les borra la voluntad y el rostro; sirven casi siempre a oscuros designios. Al hálito acezante de la tierra se refiere la segunda, mientras que Vuelo nos remite al anhelo irrenunciable de romper las ataduras que impiden el crecimiento hacia el infinito.

Como podrán advertir quienes se asomen a la obra intensa de este artista veterano de veintiún años, Rafa se limita en todo menos en soñar. Sus obras son de compleja instalación, por lo que necesariamente involucran a muchísimas personas en su levantamiento: es un eficiente reclutador de buenas voluntades…

Protagonista del tiempo que le ha tocado en este complejísimo sorteo que es la existencia, Rafa Villares da palos de vidente en cuanto tema despierta o agrede su sensibilidad. Abre puertas de adentro hacia afuera, de afuera hacia adentro y, lo que es más trascendente, de adentro hacia adentro del ser, que es la materia prima, el campo de batalla y, en definitiva, la verdadera temática de su obra.

Noviembre y El Vedado de 2010

Alex Fleites