Paisajes serenos para mentes atolondradas

Él invierte el morbo contenido en la pieza de Teresa Margolles En el aire, sustituyendo el malestar en poesía empática, incluso curativa, si pensamos en una pieza como Vuelo. O nos sugiere un gesto mimético –inhalar/exhalar- de la naturaleza para lograr un equilibrio entre esta y nosotros como en Respirar.

Para Rafael la plena contemplación en que el espectador es sumido implica a otros sentidos que van más allá de la vista, como son el olfato, el tacto y el oído pues la “nature is a theatre of life with cadence, rhythms and principles of birth, life, growth, entropy and dissolution”. Se trata, digo yo, en un nuevo tipo de multimedia que ordena, de alguna manera, el caos armónico natural bajo una lógica estética dentro del mundo del arte o, mejor dicho, del espacio artístico consiguiendo aquella calma tan envidiada por los teóricos clásicos y neoclásicos. Porque Rafael Villares no se complica con la madre natura interviniéndola in situ, subordinándose a su disposición ni proponiendo paisajes sustentables como sí sucede en otros artistas, sino que la trae a nosotros, snobs, para que, por algunos instantes (o dos), nos olvidemos del torbellino moderno en la medida en que nos fundimos con el ritmo natural que él nos propone, introduciéndonos entonces en una terapia que se emplaza en un teatro del teatro.

Elvia Rosa Castro